La gran mayoría de los sonidos que oímos diariamente son complejos. |
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La única parte visible del oído es el pabellón auditivo (la oreja) que, debido a su especial forma helicoidal, es la primera parte del oído en reaccionar ante el sonido. El pabellón auditivo funciona como una especie de embudo que abarca así más ondas sonoras y las encamina hacia el interior del oído. Sin la presencia de este embudo las ondas sonoras no tomarían la ruta idónea hacia el conducto auditivo. Esto haría que parte de la energía acústica se perdiera siendo la recepción más débil, menos eficaz y poco localizadora de la situación de la fuente sonora. El conducto auditivo Es un canal de sección redondeada que conduce las vibraciones sonoras al tímpano y las refuerza mediante una ganancia llamada resonancia del conducto, además de proteger el oído de partículas e insectos mediante el vello y el cerumen de su porción externa, además de un recorrido sinuoso que dificulta aún más la entrada. |
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El oído medio |
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El tímpano o membrana timpánica, constituye la delgadísima pared externa del oído medio, de forma oval, con 8 a 10 mm de diámetro y gran elasticidad, resulta extraordinariamente sensible a las vibraciones sonoras, vibrando en consonancia con ellas, y convirtiéndolas en vibraciones mecánicas. |
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La caja timpánica Es una caja aérea (la caja timpánica) extendida entre el tímpano, por fuera, y una pared de hueso por dentro que, a su vez, protege al oído interno o laberinto, dejando sólo dos pequeñas ventanas, la oval arriba y redonda abajo. Dicha caja contiene la cadena de huesecillos (cadena osicular) sujeta al techo y paredes mediante finos ligamentos. El huesecillo más externo, o martillo, tiene una parte, el mango, unida al tímpano, vibrando con él ante el sonido, mientras su cabeza, unida al yunque, y este al estribo –que tapa la ventana oval- transmiten a través de esta sus vibraciones, multiplicadas en energía, al oído interno. |
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El oído interno y el nervio auditivo |
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